Disecciona y nos entrega las partes de si mismo

Recibo un mensaje sorpresa del poeta rumano afincado en España, Gelu Vlasin, pidiéndome unas palabras que acompañen la traducción de su nuevo libro. Su señal llega desde alguna extraña nube.  No sé quien es, no conozco su poesía y no se nada de la poesía rumana. Soy pura ignorancia.

Pero llegan sus poemas y hacen nido entre mis papeles. Sé que tendré que zambullirme en su “Último aliento” con las manos vacías y me entusiasma la idea de que sus versos sean el único material con el que cuento para sentir.

Decido leer su libro, en el tren, después de la tormenta y lo primero que percibo en sus versos es un ritmo hipnótico, una suerte de letanía que se mezcla con el paisaje de verde nuevo sobre los campos de Castilla. Poemas breves, como pequeños rezos dirigidos a lo más inmediato.

En la estructura del libro las realidades se entremezclan dándole la misma importancia a la rodilla derecha que a Dios.  Titula cada poema y nos lo ofrece como quien estuviera haciendo su propia autopsia. El cuerpo de la carne: el ojo, el ombligo, los labios…, El cuerpo de las emociones: la ausencia, el pensamiento, la quimera…, El cuerpo de los objetos: la navaja, la luna, la hierba…  Y al fin, el cuerpo de las palabra que nos habitan.

Gelu Vlasin disecciona y nos entrega las partes de sí mismo como bocados exquisitos, sin sublimación ni epifanías.

Un placer de lectura, que me ayudó a detenerme y disfrutar de la belleza de mi propio universo. Gracias poeta.

                                                 

 

Graciela Baquero

Vigo

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