El último aliento es un camino y así has de estar dispuesto, lector, a recorrerlo, a adentrarte en sus sinuosidades, sus giros, sus obstáculos y sus puentes. Un camino de conocimiento en el que el autor se acerca a la figura de la pasión redentora sin encontrar consuelo en ella puesto que el mundo no la encontró.

 

que la esperanza se asuste/

y que el mundo que llevamos/

comience a gritar

 

he regresado/ al mundo/

y el mundo no existe

 

El tú de los poemas se presenta aquí como un tú amoroso, una historia de amor fallida, frustrada, fracasada que sólo trae desconsuelo donde antes anidaba la esperanza. Con un verso ágil y salpicado de claves bíblicas, el autor recorre la geografía de su cuerpo, de su familia, de sus emociones, sus sueños y ausencias conduciendo magistralmente al lector por un hilo anudado cada poco que hay que desatar para seguir avanzando.

 

rogándose/

a la imagen tallada/

del rostro de arcilla

 

La rodilla derecha/

está sola/

entre las pirámides/

derrumbadas/

de los ángeles asesinados

 

sobre las aguas del río Jordán/

sobre el cadáver del bautista

 

más allá de la misma oscuridad/

estás tú con los brazos cruzados

 

El sufrimiento/

como sacrificio supremo

 

Imágenes potentes y finísimas se entremezclan a partir de lugares cotidianos como las partes del cuerpo del poeta, incluidas sus quimeras como partes físicas, que casi se pueden palpar a medida que transcurre la lectura.

 

la mano/

sin la cual/

el cuerpo sería un simple sauce/

a la orilla del tiempo

 

tu pelo/

como un cruz negra/

acompaña mi agonía

 

un poro/un sable/

de Toledo

 

 

La veneración al amado, la admiración se torna sufrimiento (el amor/

nace del odio de sí) y muerte (tengo una tijera/ con la que quiero matar/ las verdes plantas) a medida que avanza el poemario y ese Dios sacrificado que es objeto amado acaba confundido, casi para dar término a este camino de versos, con el propio poeta que se convierte a sí mismo en el crucificado, o en su asesino.

 

el dios de la noche/

me trastorna/

con la tortura/del delimitado

 

soy el ángel negro/

del tiempo que se ha detenido

 

con mi padre/ he hecho un pacto

 

 

La historia que subyace nos habla en una segunda lectura, clave para entender estos versos, en la que los amantes violentos, los amantes perdidos son - en realidad - la palabra y el silencio, la incapacidad para nombrar del poeta, su último aliento, lo que el poeta es ante el mundo.

 

segando la impotencia de hablar/

con la mano lisiado

 

locamente añoro/

mi lengua

 

soy el veneno/

que se posa/en tus labios

 

 

 

Alicia Es. Martínez Juan

*Toledo*

*Directora*

*Festival de Poesía Voix Vives, de Mediterráneo en Mediterráneo*

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