EL ÚLTIMO ALIENTO DE GELU VLAŞIN

 

Gelu Vlasin conjura la atracción de la poderosa corriente surrealista, que palpita en las fibras más hondas de su poesía, entroncándolo con las vanguardias.

Las partes del cuerpo, un Work in Progress, donde lo fisiológico encuentra a la persona que habita la carne y los huesos, los cartílagos y pensamientos, hasta fluir desde la sangre negra a la fusión del alma.

 

Vlasin nos presenta la geografía articulada del ser, apuntando al precario envase que nos permite circular por el mundo, incrustando en la idea lo metafísico que a ratos es numinoso.

Pasa de lo simbólico a lo íntimo, reconoce que el cuerpo solo sirve para pasar un rato por aquí, sin embargo, en el prodigio de su verso incluye los sueños.

Va a lo medular, sabe que llegará la hora de los ojos apagados, cuando veremos pasar en segundos la totalidad de la existencia.

 

Más allá del capricho semántico, su poética es una invitación que lleva a la lectura diferente, in profundis, bajo la piel, tocando el misterio de los interiores. Desde las heridas y los dominios viscerales de las entrañas hasta el presagio del hueso.

 

Ya en el primer poema nos regala su propia mano, como incitación a la voz que surgue exultante, germinativa, señera y a ratos rotunda. Es como el eterno retorno, o como dijera su coterráneo rumano Paul Celán: La poesía es una especie de regreso a casa.

 

Así es, Vlasin, poeta rumano residente en Madrid, viene de la tierra de grandes autores como Mihai Eminescu, su poeta nacional o Herta Müller, Premio Nobel de Literatura, pero el influjo de Gelu viene de corrientes más rupturistas, como la línea marcada por Tristán Tzara, en los años con Francis Picabia, Marcel Duchamp y André Bretón.

 

Desde esa versificación que a ratos nos recuerda a Huidobro y la escritura automática del Dadá, incorpora pasajes o términos alusivos al Antiguo y Nuevo Testamento, el Génesis y el Levítico, en la mención sagrada de  Gethsêmani, palabra que viene del arameo 'Gath-Šmânê', que significa 'prensa de aceite' (refiriéndose al aceite de oliva) y que nos señala la Palestina histórica, para referirse a su rodilla izquierda. En la rodilla derecha, en cambio, están los recuerdos, las pirámides (también del oriente) y los ángeles.

 

Sufre el pulgar que gatilla la bala. La mente que miente. Los ojos y los espasmos del sueño eterno. El río Jordán sobre el cadáver del bautista, hasta el desgarro, el día del juicio final, la quimera y los dioses perdidos.

 

Quemado por el dios de la noche, la tortura y el trastorno, Gelu Vlasin encuentra la redención en la verdad, que le crece las alas y alza el vuelo alejándose del cuerpo enfermo y el dolor.

 

Encrucijada de las semillas de Andalucía, agua bendita en aquella espada arábiga de Toledo que corta el pensar, desencanto, brujería, cementerio y abismo, huesos que hablan entre las carcajadas del juego de la muerte, mirada que nace de las cenizas y relámpagos sangrando en la noche devocional de la eternidad, que sitúan a Gelu Vlasin entre las voces imprescindibles de la poesía del tercer milenio.

 

THEODORO ELSSACA

FUNDACIÓN IBEROAMERICANA

Santiago de Chile

 

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